
El cáñamo, un rey que recupera su trono
La mayoría de nosotros en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado del cáñamo, pero tal vez no son tantos los que saben que jugó un papel definitivo en la historia de la humanidad y que puede transformar para bien, nuestro futuro
Las primeras huellas del uso medicinal de esta planta se remontan a la China del año 5.000 a.C, y 2.000 a.C., cuando era usada para combatir el estreñimiento, dolores reumáticos, y los “trastornos femeninos”. También se estima que antes del 2.000 a.C la cultura Yangshao (de origen chino) habría sido la primera en utilizar el cáñamo para la creación de ropa, cuerdas y máquinas fabricadas a base de fibra. Por su parte, la antigua civilización egipcia era conocida por apoyar el uso del cáñamo como medicina.
Además de sus propiedades medicinales y alimenticias, el denominado cáñamo industrial es una de las especies vegetales más cualificadas para limpiar el suelo de metales pesados y otras toxinas que dejan pesticidas, disolventes, hidrocarburos, emanaciones de fábricas, e incluso desastres nucleares.
Consumir productos agrícolas contaminados con sustancias como el cadmio, puede provocar en los humanos deformaciones en las articulaciones y huesos, enfermedades respiratorias, anemias e insuficiencia renal.
La tala de bosques para la producción de papel es otro gran problema ecológico. ¡Sorpresa! Elaborar papel de cáñamo es cuatro veces más eficiente. Una tonelada de papel de cáñamo salva 12 árboles maduros. Además, para su proceso no precisa dióxidos, cloro ni otras toxinas, es más resistente y puede reciclarse hasta siete veces. Todo esto se traduce en un producto más económico y 100% amigable con el medio ambiente.
Así mismo, los animales que se alimentan de pastos o hierbas que crecen en suelos contaminados con sustancias como la dioxina, transmiten enfermedades a través de su leche y carne, provocando desde problemas de reproducción y desarrollo, hasta afectaciones al sistema inmunitario y cáncer. Las raíces de esta maravillosa planta almacenan y, en algunos casos, transforman esas toxinas en sustancias inocuas.
El cáñamo guarda otros poderes: con él se puede fabricar biocombustible, plástico biodegradable, un sustituto de la madera, fibras textiles, ladrillos, hormigón, placas, yeso, e incluso pintura, todos a un costo mucho menor en términos de dinero y ambientales.
Además, el aglomerado que se elabora con cáñamo es perfecto para crear piezas de la industria automovilística y aeronáutica: un automóvil fabricado por Henry Ford en 1941 con cáñamo y habas de soja (ese auto utilizaba además aceite a partir de cáñamo como combustible), fue puesto a prueba con un hacha, demostrando excepcional resistencia. El cultivo de cáñamo también podría ser un buen método de subsistencia para países empobrecidos, por su capacidad de crecer en suelos agotados y sin apenas nutrientes.
La planta llegó a Oriente Medio entre 2000 a.C y 1400 a.C, donde probablemente fue utilizada por los escitas nómadas. Este grupo llevó el cáñamo al sureste de Rusia y Ucrania. Las tribus germánicas extenderían su cultivo en Europa central llegando incluso a Gran Bretaña con las invasiones anglosajonas.
En Europa se han encontrado restos de trazas de cáñamo en el conocido como Templo Sagrado de Gavrinis, Francia. Un lugar construido en el 3.500 antes de Cristo que destaca por sus obras de arte neolítico.
El velamen y las maromas de las carabelas de Colón estaban fabricadas de cáñamo, al igual que la estopa que se colocaba entre los tablones del barco antes de calafatearlo para hacer el barco estanco. Las lámparas usaban aceite de cáñamo para que la tripulación pudiera leer la Biblia… que estaba impresa en papel de cáñamo. Incluso las bodegas de la Niña, la Pinta y la Santa María estaban repletas de semillas de cáñamo, que servían de alimento pero también para garantizar el suministro de la planta una vez arribaran a tierra firme.
Todo esto nos deja un mensaje: a veces, mirar atrás sí nos da la solución que tanto buscamos. Es hora de devolverle su trono a este rey ecológico.